El origen de los Templarios

“Un Caballero de Cristo es un cruzado en todo momento, al hallarse entregado a una noble pelea, frente a las tentaciones de la carne y de la sangre, a la vez que frente a las fuerzas espirituales del cielo. Avanza sin temor, no descuidando lo que pueda suceder a su derecha o a su izquierda, con el pecho cubierto de malla y el alma bien equipada con la fe. Al contar con estas dos protecciones, no teme a los hombres ni a demonio alguno”

templarios

El Origen de la orden de los Templarios

28 de noviembre de 1095, día en el cual la cristiandad iba a escuchar un mensaje que influiría buena parte de su historia en los siguientes dos siglos: «Turcos y persas, árabes y agarenos han invadido Antioquia, Nicea e incluso Jerusalén, que guarda el sepulcro de Cristo». La voz de Urbano II se alzó por sobre la anhelante muchedumbre y sintetizó, con encendidas palabras, lo que nobles y plebeyos ya sabían: «Dueños absolutos de Palestina y Siria, han destruido las basílicas e inmolado a los cristianos como si fueran animales. Las iglesias, donde antes se celebraba el divino sacrificio, han sido convertidas por los paganos en establos para sus bestias».
La respuesta del Papa fue concisa y clara. «¿A quién corresponde vengar estas injurias y recobrar estas tierras sino a vosotros? Tomad el camino del Santo Sepulcro, arrancad aquellos lugares al poder de esa raza maldita y ponedlos bajo vuestro dominio». Eran las palabras esperadas por la multitud; provocaron de inmediato el efecto buscado por Urbano II. En respuesta al llamado papal, un grito unánime fue ganando la plaza hasta hacerse ensordecedor: «¡Dieu lo volt!» «¡Dieu lo volt!» (¡Dios lo quiere!). La máxima autoridad eclesiástica convirtió esta exclamación en la consigna oficial que guiaría a quienes emprendieran la marcha. En medio del júbilo se dispuso que los expedicionarios se reconocieran por una cruz roja en la vestimenta. Y así, la determinación de reconquistar los Santos Lugares, el grito de combate y el símbolo, se sumaron y dieron nacimiento a un esfuerzo colosal. Nacieron la Cruzadas.

templarios toma jerusalem

La toma de Jerusalén

Jerusalén 1119, finalizada diez años atrás la Primera Cruzada, los cristianos habían reconquistado Jerusalén, expulsando de los Santos Lugares a los sarracenos. Un joven caballero francés, Hugo de Paynsse, educado sólidamente en la fe cristiana y en el buen manejo de las armas, decidió aunar sus dos vocaciones para la creación de una nueva Orden de Caballería, cuyo fin fuera custodiar los Santos Lugares y acompañar a los peregrinos cristianos hacia Tierra Santa.
No le fue difícil encontrar a ocho Caballeros con su mismo pensar:

Geoffroy de Saint-Omer
Andrés de Montbard
Archamband de Saint-Aigman
Payer de Montidier
Godofredo Bisson
Gondemano
Hugo Rigaud
Rolando

Juntos fundaron la nueva Orden, la Orden del Templo.

Votos de obediencia, castidad, pobreza y el buen manejo de las armas fueron sus Leyes. No obedecían ni a Reyes, ni a ninguna Nación o País, sólo a Dios y a la Iglesia.
Fue el Rey de Jerusalén, Balduino II, quien les donó su primera sede, la Mezquita Blanca de Al-Aqsa, siendo el emplazamiento exacto del Templo de Salomón. La Mezquita como tal sólo era el atrio del Templo por lo que difícil es de entender porqué a una Orden recién fundada y con tan pocos miembros, se les dotó de un instalación tal como para albergar a miles de Caballeros.
Misterioso resulta también el hecho que durante los nueve siguientes años desde su fundación, ningún Caballero más fue admitido en la Orden.
Algunas especulaciones relacionan estos sucesos con la posible excavación secreta llevada en los sótanos del Templo, en busca del Arca de la Alianza, tarea de la cual, sólo unos pocos elegidos habrían tenido conocimiento.
Empieza aquí la primera de todas la Leyendas de los Templarios, ¿encontraron los Templarios el Arca de la Alianza que Yahvé ordenó construir a Moisés para salvaguardar las Tablas de los Diez Mandamientos?