
Capítulo XIV
De regreso a Europa
Pero sorprendentemente, el Papa Gregorio IX no respondió con la absolución de Federico a pesar de haber vuelto a conquistar Jerusalén, sino que declaró que las acciones del emperador en Tierra Santa no podían calificarse como guerra santa al continuar estando excomulgado, y procedió a liberar a los cruzados del voto de obediencia al Emperador, quien se vio obligado a regresar al conocer que el Papa, junto a la Liga Lombarda, estaba invadiendo su reino de Sicilia.
Federico II
Jerusalén se quedó desprotegida lo que supuso su definitiva invasión por los musulmanes en 1244. Los Templarios se vieron obligados a mudar sus cuarteles generales a San Juan de Acre, a orillas del Mediterráneo, junto con las otras dos grandes órdenes monástico-militares, los Hospitalarios y los Caballeros Teutónicos.
En 1248, Luís IX de Francia, San Luís, convocó y dirigió la 7ª Cruzada, pero no a Tierra Santa, sino a Egipto. El error táctico del Rey y las pestes que sufrieron los ejércitos cruzados, les llevaron a la derrota de Mansura y al desastre posterior en el que el propio Luís cayó prisionero. Fueron los Templarios, tenidos en alta estima por sus enemigos, los que negociaron la paz y los que prestarían a Luís la fabulosa suma que componía el rescate que debía pagar por su persona.
En 1291, el sultán de Egipto Malik al-Ashraf asedió San Juan de Acre, Guillaume de Beaujeu, vigésimo primero Gran Maestre de la Orden del Temple consigue, por su talento guerrero y su carisma, que todos los defensores que permanecían en Tierra Santa se situasen bajo su mando. Realizó prodigios de heroísmo en las salidas que efectuaba a las líneas enemigas, intentando destruir sus máquinas de guerra, pero fracasó y recibió una herida mortal. Su muerte se produjo el 18 de mayo de 1291. En ese momento, sólo resistía un pequeño grupo de caballeros a las órdenes del Mariscal Pierre de Sevry y del Comendador de los Templarios, Thibaud Gaudin. Pierre de Sevry fue decapitado en una negociación con el sultán que resultó ser una auténtica traición y emboscada.
Thibaud Gaudin se retiró con los últimos Templarios hacia Sidon, al castillo de Sagette, donde fue elegido en agosto de 1291, Gran Maestre del Temple. Y de allí, posteriormente, la Orden se trasladó a Chipre, tras ser comprada la isla.
Su mandato fue bastante corto al morir el 16 de abril de 1292. A finales de 1292 le sucedió Jacques de Molay quien sería el Último Gran Maestre del Temple.
Los templarios desde Chipre intentaron establecer varias “cabezas de puente” para una nueva penetración en el Oriente Medio, para una nueva reconquista, siendo la única de las tres grandes órdenes de caballería que lo intentó, pues tanto los Hospitalarios como los Caballeros Teutónicos dirigieron sus intereses y sus esfuerzos en otros lados. El esfuerzo se revelaría inútil, no tanto por la falta de medios o de voluntad, sino por el hecho de que la mentalidad había cambiado y a ningún poder de Europa le interesaba ya la conquista de los Santos Lugares.
Los Templarios se hallaron solos. La Orden se había quedado sin misión.
Regresaron a Francia, ya no sólo porque allí contasen con un patrimonio importantísimo y valiosísimos castillos y palacios sino también, porque los Templarios siempre se consideraron francos, ya no sólo por el origen de sus fundadores sino porque muchos de ellos en esos momentos eran naturales de allí. Olvidaron que España o Portugal e incluso Inglaterra, hubiesen sido destinos mejores para ellos…
“Llegaron a Francia siendo portadores de un inmenso tesoro, compuesto de ciento cincuenta mil florines de oro y diez mulos cargados de plata. ¿Qué se proponían conseguir en tiempos de paz con tantas fuerzas y riquezas? No existía otro país en que contasen con mayor número de plazas fuertes, además se hallaban unidos a casi todas las familias de la Nobleza…”





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