Capítulo VI
Los Privilegios

Hugo de Paynsse, fundador de la Orden, murió en 1136, poco se sabe de las causas de su muerte, pero es seguro que no fue en combate.
Tres años después, en 1139, el Papa Inocencio II dictó la bula Omne datum optimun, dirigida al segundo Maestre de la Orden, Roberto de Croan.
Dicha bula proporcionaba a la Orden importantes privilegios, quedaban eximidos de toda jurisdicción eclesiástica intermedia, estando sujetos solamente al Papa. Incluso el patriarca de Jerusalén, Balduino II, ante quien los caballeros fundadores habían hecho sus votos, perdía cualquier autoridad sobre la Orden.
Hugo de Paynsse
La bula les permitía tener sus propios oratorios y autorizaba a los sacerdotes a unirse a la hermandad en calidad de Capellanes; los Templarios quedaban pues totalmente liberalizados de los obispados diocesanos. Tenían derecho a percibir diezmos pero no necesitaban pagarlos, exención que sólo se había hecho a la Orden del Cister; podían tener cementerios contiguos a sus templos y tenían derecho al botín tomado al enemigo. Sólo debían responder ante su maestre, elegido por ellos sin ninguna presión de los poderes seculares.
Roberto de Croan, típico caballero, respetado por todos y de gran arrojo, algunos historiadores sostienen que su ingreso en la Orden se debió a un gran desengaño amoroso, se le habría impedido la boda con Leonor, heredera de Chabanais y Gonfolons.
Buen administrador de modo que se dice que fue para el Temple lo mismo que Octavio Augusto para Roma, ambos constructores de un Imperio, aunque sus fundadores y diseñadores fueran otros.
Bajo la dirección de este maestre se da el primer episodio de tipo militar de la orden, al menos documentado, la reconquista de la ciudad de Teqoa, cerca de Belén, donde aprenderían una valiosa lección al no perseguir y eliminar a sus adversarios y estos reagruparse para contraatacar y causar grave daño a los templarios. Casi fueron exterminados.
Más adelante, durante los siguientes papados de Celestino II y Eugenio II, fueron expedidas dos bulas más, Milites Templi (1144) y Militia Dei (1145), reforzando los privilegios de los Templarios, convirtiéndose el respaldo a la Orden en política oficial de la curia romana. Retener la Tierra Santa era la prioridad fuese quien fuese el Papa, el Temple ya se había convertido en un pilar de la guerra de la cristiandad contra el Islam.
Mientras, la caída de Edesa en 1145, en manos de Zengui, el primer gran Caudillo musulmán en derrotar a los cristianos, causa gran conmoción en Occidente. Edesa era una importante ciudad cristiana, había sido el lugar donde los bizantinos habían encontrado la sábana santa, y tenía un valor muy apreciado tanto para oriente como para occidente.
Nace entonces la Segunda Cruzada, lanzada desde Europa y convocada por el Papa Eugenio II, liderada por el Rey Luís VII de Francia y el Emperador Conrado III. Los ejércitos de ambos reyes marcharon por separado a través de Europa. Después de cruzar el territorio bizantino, ya en Anatolia, ambos ejércitos fueron derrotados, por separado, por los turcos selyúcidas. Luís, Conrado y los restos de sus ejércitos llegaron a Jerusalén y en 1148 participaron en un desacertado ataque sobre Damasco. La Segunda Cruzada en oriente fue un fracaso para los cruzados y una gran victoria para los musulmanes.

La primera de las “historias” atribuidas a la Sabana Santa data de entre los años 40 al 50, en la Abgar V, Rey de Edesa fue milagrosamente curado de la “Lepra Negra” por este prodigioso lienzo, la Sábana Santa.
Por su causa, dicho rey se convirtió al Cristianismo. Se cuenta que tras su muerte, el supuesto lienzo en el que se reflejaba la estampa de “Jesús”, fue escondido en algún rincón de la muralla que custodiaba la Ciudad, para evitar que los enemigos la encontraran y destruyeran.
Durante unas reparaciones efectuadas en la muralla, esperando el ataque de los persas en el Siglo VI, se encontró el lienzo, posteriormente y tras el desarme y la victoria sobre el enemigo, el pueblo Edesano atribuyó la victoria al “poder” de la Sábana. Según reza en las crónicas de la época nos encontramos ante “una imagen no hecha por la mano del hombre”
En el 944, el lienzo, es trasladado de Edesa a Constantinopla por orden del Emperador de Bizancio, Romano Lecapeno, donde fue desplegada y expuesta por primera vez al público. Lecapeno estaba seguro de que la reliquia, protegería la capital del imperio Romano de Oriente.





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muy bueno el informe me gusto, me gustaria k mande imagenes de templarios