El origen de los Caballeros Medievales

El origen de los Caballeros MedievalesEl origen de los caballeros medievales se remonta a Roma, en tiempos de Numa Pompilio, nació el ejército, “basado a su vez en la división de las treinta curias, cada una de las cuales había de proporcionar una centuria ó cien infantes, y una decuria o diez jinetes con sus caballos”; su número ascendía a trescientos, número que se triplicó en época de la República. A medida que Roma fue creciendo se separó la parte militar de la social; ya en el imperio los milites conformaron el orden ecuestre y se constituyeron en una nobleza cuyos títulos concedía el emperador y ocuparon los puestos de la administración que no estaban reservados a los senadores.

Los milites, eran fundamentalmente guerreros a caballo que configuraban el elemento más importante de los ejércitos romanos, basados en el poder de la caballería. Si los caballeros eran de origen noble, su rango social no quedaba modificado, pero si pertenecían a las clases humildes eran elevados a la posición social de sus compañeros de armas.

En la Temprana Edad Media, los guerreros de los pueblos germánicos luchaban a pie, pero entre los años 700 y 1000 se crearon fuerzas de caballería, como única solución para oponerse a los poderosos invasores musulmanes, vikingos y magiares o tribus húngaras.

En el siglo XI, la aristocracia germánica adoptó de forma generalizada las tácticas de lucha a caballo, el concepto de feudo y el de vasallaje, dando con ellos lugar al proceso de feudalización. Pero fue en Francia e Inglaterra donde, en el siglo siguiente, el caballero adquirió una connotación honrosa y no meramente militar, así el término francés chevalier que quiere decir jinete y la palabra inglesa knight, derivada del vocablo anglosajón cnight que significaba sirviente, adquirieron este significado. Al desarrollo de la caballería pesada contribuyeron la invención de los estribos, que permitía una mayor estabilidad en el combate a caballo, y el descubrimiento de medios para herrar a los equinos.

El origen de los Caballeros MedievalesEl caballero pasó a ser un guerrero a caballo que servía al rey o a otro señor feudal como contrapartida habitual por la tenencia de una parcela de tierra, aunque también por dinero o como tropa mercenaria. El caballero era por lo general un hombre de noble de cuna que, habiendo servido como paje y escudero, era luego ceremonialmente ascendido por sus superiores al rango de caballero. Durante la ceremonia el aspirante solía prestar juramento de ser valiente, leal y cortés, así como proteger a los indefensos

La formación de los caballeros empezaba a la edad de siete u ocho años, los niños de la clase noble eran enviados para servir de pajes en la casa de un gran señor. Las mujeres les enseñaban los conocimientos sociales básicos, y empezaban un entrenamiento elemental del uso de las armas y la equitación. Alrededor de los 14 años, los jóvenes se convertían en escuderos, es decir, en aprendices de caballero. Cada escudero se asignaba a un caballero, que debía continuar la educación del joven. Los escuderos eran compañeros habituales y sirvientes de los caballeros. Los deberes de los escuderos incluían limpiar la armadura y las armas (propensas a oxidarse), ayudar al caballero a vestirse y desvestirse, cuidar de sus pertenencias, e incluso dormir a su puerta como guardián. Los escuderos asistían al caballero en todas sus necesidades. Traían armas y caballos de reemplazo, curaban sus heridas, retiraban a los heridos del campo de batalla y, llegado el caso, se encargaban de que recibiera un entierro digno. En muchas ocasiones, los escuderos iban a la guerra con el caballero y luchaban a su lado. Los guerreros evitaban combatir contra los escuderos del bando enemigo y preferían buscar un caballero de su rango, o superior. Los escuderos, por su parte, deseaban enfrentarse a caballeros para obtener prestigio matando o capturando a un enemigo noble. Además del entrenamiento marcial, los escuderos se fortalecían mediante juegos, aprendían a leer y, generalmente, también a escribir, y estudiaban música, baile y canto.

A la edad de 21 años, un escudero podía ser designado caballero. Los candidatos que lo merecían, recibían ese honor de manos de un señor o de otro caballero de alto rango. Normalmente sólo podían llegar a ser caballeros aquellos que poseían tierras o ingresos suficientes para hacer frente a las responsabilidades de su rango. Los escuderos que se distinguían en la batalla durante la guerra podían ganarse el reconocimiento de un gran señor y ser ordenados caballero en el mismo campo de batalla. En un principio, la ceremonia de ordenación era simple; consistía normalmente en ser tocado con una espada en el hombro y después ceñirse el cinto con la espada. Posteriormente la ceremonia se complicó, sumándose al rito la Iglesia. Los candidatos se bañaban, se cortaban el pelo y pasaban la noche en vela, orando. Por la mañana recibían su espada y las espuelas de caballero.

El ordenamiento de un caballero estaba marcado por un ritual, el cual recibía el nombre de espaldarazo o palmada, que fue haciéndose más complejo con el paso del tiempo. Así, en el siglo XII, solo era necesario que otro caballero, una vez que el aspirante había demostrado su maestría con las armas, le reconociese como caballero, lo cual hacía dándole un golpe con su puño o con el plano de la hoja de una espada en el hombro o la nuca y le llamaba señor caballero; entonces los nobles asistentes le colocaban las espuelas, lo que se asociaba al valor en las batallas. En el siglo XIII, el ritual era mucho más complicado; “en primer lugar la Iglesia exigía que el escudero consagrara sus armas en un altar, que pasara la noche en vela orando y mantuviese ayuno, por último, debía tomar un baño ritual de purificación, jurar sobre los Evangelios y tomar la Comunión. Tras la ceremonia era frecuente que tuviesen lugar torneos y fiestas”. Aunque en un principio este ritual alcanzó un mítico prestigio que hizo que muchos nobles se ordenasen caballeros, el hecho de que el recién armado caballero debiera comprarse la armadura y el caballo, además de correr con los gastos de la ceremonia, provocó que a medida que el cargo de caballero fue perdiendo importancia, cada vez fueron menos los que estaban dispuestos a correr con estos gastos.

A mediados del siglo XIII, un caballero debidamente equipado debía tener un complicado yelmo que le cubriera toda la cabeza, un penacho para distinguirse de otros guerreros, una visera cerrada y armadura para él y su montura. Asimismo, debía emplear ayudantes para servirle, como pajes y escuderos, por lo que, de las familias que pensaran dedicarse a la guerra como ocupación principal, solamente aquellos que tuviesen medios suficientes podían llegar a ser nombrados caballeros.

El carácter y los ideales de la caballería estaban rodeados de un aspecto místico en el que se entremezclaban las cualidades de la nobleza, las virtudes cristianas y el amor cortés hacia las mujeres, el concepto del honor constituía la piedra fundamental del código caballeresco. La "palabra de honor" era el compromiso más solemne del caballero. La palabra dada por un caballero no podía ser retractada nunca.

El caballero ideal debía ser un hombre valeroso, leal, piadoso, recto en sus convicciones religiosas y generosas; debía poner su espada al servicio de los pobres y de los débiles y, especialmente, al servicio de las Cruzadas a Tierra Santa. Se creó de este modo la idea de Caballero de Cristo, del cual hablaremos en el segundo capítulo.

La autoridad para conferir el título de caballero variaba en los diferentes países. Normalmente era el soberano quien tenía este poder, pero en muchas órdenes militares como en los templarios, el Gran Maestre estaba considerado como soberano y, por tanto, igualmente dotado del poder de otorgar el rango. Otros que poseían esta autoridad eran los príncipes reales, los comandantes de los ejércitos reales y las personas de elevado rango o posición en las que el soberano hubiese delegado; además, se concedió esta facultad a algunos obispos y abades en los siglos XI y XII. El título de caballero era reconocido en todos los países europeos y no solamente en el país que lo había designado. No obstante, un soberano podía restringir el rango, prioridades y privilegios conferidos a un caballero armado como tal en el extranjero.

La batalla de Azincourt, en 1415, marcó el declinar de los caballeros, al ser la caballería francesa destrozada por la infantería inglesa. Desde ese momento los caballeros fueron transformando su posición militar en un escalón más de la jerarquía nobiliaria.

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